Escrito por Estela Leñero el Miércoles, 26 de Septiembre del 2007 a las 4:12 am
30 de septiembre
Podría parecer un juego inofensivo el de las palabras encadenadas, donde cada participante tiene que encontrar palabras que inicien con la última sílaba que dijo el anterior. Pero en esta obra de teatro dirigida por Alejandro Aragón que se presenta los miércoles en el Teatro Wilberto Cantón, el juego se vuelve peligroso y se corre el riesgo de perder un ojo si se falla.
Palabras encadenadas del catalán Jordi Galcerán, también autor del El Método Grönholm que se presentó el año pasado en la Sala Chopin producida por Ocesa, resulta ser un thriller sicológico cuya apariencia nos remite en primera instancia a un asesino serial y que luego nos invita a abordar una conflictiva amorosa llevada a los extremos.
La mayor cualidad de esta obra –que en 1995 ganó el XX Premi Born de Teatre convocado por el Círculo Artístico de Menorca y en 1996 el Premio de la crítica “Serra d’Or” a la mejor obra en lengua catalana—tiene como mayor cualidad el manejo del suspensse y los giros dramáticos que van sorprendiendo paulatinamente al espectador llevándolo a un lugar donde la línea divisoria entre la verdad y la mentira se diluyen. Tal acierto se ve reforzado por la dirección de Alejandro Aragón, actor de telenovelas como Bajo la misma piel y El Manantial de Televisa. Alejandro Aragón , que dirigió en 2001 la telenovela Cómplices al rescate, hace una buena selección de una obra contemporánea y con ella se inicia en teatro, victoriosamente. Si bien todavía se siente ser una ópera prima, logra mantener la tensión y atención del espectador. Resuelve bien las imágenes de video y las juega hábilmente como factor fundamental en la trama. La obra de Palabras encadenadas sucede entre dos personajes: un secuestrador y una secuestrada, en un sótano, frío y sórdido que, por la descripción que va haciendo el hombre, asusta: un lugar donde ha enterrado a gran cantidad de sus víctimas, sin comunicación telefónica y con puertas de seguridad difíciles de violar. La expectativa gozosa y morbosa de esta situación, se ve rota al voltearse la historia y crear un vínculo entre los personajes. Tal vez uno quisiera encontrarse, con una historia negra y no en el tema de las relaciones de pareja que actualmente saturan nuestra cartelera. Esto no quiere decir que el autor no ceja de sorprendernos y hacernos dudar hasta de lo que los personajes niegan o afirman, aunque en ocasiones dudemos de la cantidad de giros dramáticos. El interés se mantiene pues Jordi Galcerán añade lentamente información y nos convence tanto de la enfermedad sicológica del secuestrador como del resquebrajamiento de los límites. A estos dos personajes los interpretan alternadamente la pareja de Alejandro Aragón y Yolanda Ventura (que actualmente trabaja en Los monólogos de la vagina y Confesiones de mujeres de los 30), y la de Juan Bonet y Yousi Díaz (actriz de XXXX y Noches de satín blanco presentadas en el Foro Shakespeare). El trabajo de los actores está bien dirigido tanto en la interpretación como el trazo escénico. Juan Bonet logra la naturalidad necesaria, aunque Yousi Díaz tenga dificultades en el caminar que por lo general lo termina en actitudes posadas.A pesar de que sorprende e incomoda que la mayoría de las obras que se presentan en los teatros de la SOCIEDAD GENERAL DE ESCRITORES DE MÉXICO sean de autores extranjeros, Palabras encadenadas, es una obra atractiva muy recomendable.
Categoria: Críticas
Escrito por Estela Leñero el Sábado, 22 de Septiembre del 2007 a las 3:12 pm
Presentación de Mónica Lavín
El Codex Romanoff, obra en dos actos de Estela Leñero, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Víctor Hugo Rascón Banda 2004, publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León y el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León, convoca a una cadena de asombros. Confieso, como a la novicia Aurora, la hermana Pilar, y los padres Ramón y José, que he cometido el pecado de gula y lo seguiré cometiendo. Que los placeres de la mesa y de la imaginación culinaria me someten y me causan devoción. Que si mi espacio no es la cocina, como es el caso de la novicia Aurora, quien se explaya con las posibilidades de la cocina de los conventos de Catalina de Siena, el de las Jacarandas en Veracruz, del barco en alta mar o el dispensario en Chiapas, si en cambio es el de la mesa y el de los libros que refieren a las aventuras culinarias.
Ver texto completo: monicalavin2.doc
Solapa del libro
Texto de la obra: codexromanoff8.doc
Categoria: Últimos montajes
Escrito por Estela Leñero el Jueves, 20 de Septiembre del 2007 a las 7:48 pm
Lejos del corazón es una obra que aborda el tema del destierro desde diferentes puntos de vista y nos invita a reflexionar y vivenciar lo que significa estar lejos de lo que más queremos.
Dos historias paralelas se entrecruzan, no se juntan, corren en direcciones contrarias: Ella es Ismene desde donde se cuenta la historia y ellos Edipo ciego y Antígona perdidos en una isla de Fuerteventura España donde mandaban exilados en el siglo XIX a los “enemigos de la monarquía” como al escritor español Miguel de Unamuno.
Ismene se encuentra trabajando en una mina, en Arizona, región que acababa de dejar de ser México; un lugar habitado por mexicanos, por aventureros, buscadores de minas de oro, por hombres acosados por el nuevo régimen.
La obra, ubicada en la segunda mitad del siglo XIX, tiene un contexto político, tanto por la cuestión territorial como por la problemática de los personajes. Ellos huyen de su lugar de origen por cuestiones políticas, los persiguen, los acusan injustamente. Aunque este subtexto es importante, el énfasis de la obra está en la tragedia que sufren, en los laberintos en los que se encuentran perdidos, en las rutas que tratan de desentrañar para llegar a su destino, en el dolor que implica buscarse y no encontrarse nunca.
Texto de la obra: lejosdelcorazonmarzo2006ny6.doc
Estreno en el Teatro Orientación del INBA
Mención de honor Premio Internacional de Santo Domingo 2007
Categoria: Últimos montajes
Escrito por Estela Leñero el Jueves, 20 de Septiembre del 2007 a las 7:31 pm
22 de septiembre Revista Proceso
Chicas católicas
En 1982 se estrenó en Off Broadway la obra de teatro Catholic School Girls
de la norteamericana Casey Kurtti y de ahí se ha trasladado a Latinoamérica
como un exitoso producto teatral de exportación. Se estrenó en Chile,
Perú, Argentina, y México no podía faltar. Pero en México
no sólo se exportó el texto sino que, desconfiando de la creatividad
de nuestros directores, Ocesa, la productora, quiso garantizar el éxito
e invitó a la directora argentina Alicia Zanca para que repitiera el montaje
que en su tierra lleva tres años en cartelera, pero desgraciadamente la
dirección de actores es fatal.
En un primer momento no sabemos si nos encontramos en el San Rafael o en el APAC,
pues las actuaciones convierten a las niñas de los primeros años
de primaria en casi retrasadas mentales y a las monjas las caracterizan con graves
problemas motores. ¿Por qué hacer que las actrices hablen como mensas?,
¿por qué esa gesticulación y manoteo de la actriz Anahí
Allué para caracterizar a una hija única consentida y caprichosa?,
¿por qué una monja senil, como la tipifica la autora, esta misma
actriz la hace deforme tanto en el andar como en su habla? No puede ser que la
actriz Valeria Vera hable con frenillo para caracterizar a una adolescente o estire
su boca y distorsione el hablar cuando interpreta a una tiránica monja.
No porque la obra trate de personajes femeninos estereotipados es necesario llegar
al ridículo queriendo forzar la risa de la concurrencia o reproduzcan facilonamente
los gags del “Chavo del ocho”.
El profesionalismo de las actrices Pilar Boliver y Mariana Treviño salvan
a sus personajes de la caricatura obvia. Pilar Boliver caracteriza deliciosamente
a la monja sádica que no tiene ningún sentimiento afectuoso con
sus pupilas y disfrutando su interpretación, contagia al espectador llevándolo
brillantemente a la risa. Mariana Treviño se compromete con el personaje
de niña pobre y con naturalidad consigue un silencio muy emotivo en su
monólogo.
Lástima, pues la dirección tuvo en sus manos a actrices que fueron
seleccionadas de entre 205 aspirantes. Esta situación contrasta con la
buena escenografía e iluminación de Laura Rode que dimensiona la
propuesta de la autora y vuelve el espacio escénico en un lugar funcional
y al mismo tiempo interpretativo. Casey Kurtti idea su obra a partir de los recuerdos
de una de las niñas y Rode hace una pared a manera de rompecabezas y diseña
los pupitres y el pizarrón permitiendol que las escenas cambien de perspectiva.
Casey Kurtti ubica la historia de Catholic School Girls en los sesenta pero Alicia
Zanca la traslada, tanto en el montaje de Argentina como el mexicano, a los setenta.
Los sesenta son una época emblemática e interesante, pero tal vez
se trasladó a los setenta para acercar al público generacionalmente
e incluir música de Menudo y lo clásico del mundo de Televisa. Susana
Moscatel y Erick Merino hacen una buena adaptación a la realidad mexicana
tanto en el aspecto de la comida como de los dulces, los lugares y las canciones.
Chicas católicas es una visión light de la educación en una
escuela de monjas. De ninguna manera pretende hacer alguna crítica, tan
es así que en Perú se presentó en la Pontificia Universidad
Católica de Perú. Se hacen burlas a las maestras como en las presentaciones
escolares de fin de año y todos pueden reírse. Se duda de Dios,
pero la reconciliación es inmediata. Los personajes no se transforman y
todos terminan igual, adaptados a esta sociedad. Y así como en los niños
la grosería más grande es decir caca, aquí a lo más
que llegan es a decir que Jesús era judío.
Categoria: Críticas