Chicas católicas
Escrito por Estela Leñero el Thursday, 20 de September del 2007 a las 7:31 pm
22 de septiembre Revista Proceso
Chicas católicas
En 1982 se estrenó en Off Broadway la obra de teatro Catholic School Girls
de la norteamericana Casey Kurtti y de ahí se ha trasladado a Latinoamérica
como un exitoso producto teatral de exportación. Se estrenó en Chile,
Perú, Argentina, y México no podía faltar. Pero en México
no sólo se exportó el texto sino que, desconfiando de la creatividad
de nuestros directores, Ocesa, la productora, quiso garantizar el éxito
e invitó a la directora argentina Alicia Zanca para que repitiera el montaje
que en su tierra lleva tres años en cartelera, pero desgraciadamente la
dirección de actores es fatal.
En un primer momento no sabemos si nos encontramos en el San Rafael o en el APAC,
pues las actuaciones convierten a las niñas de los primeros años
de primaria en casi retrasadas mentales y a las monjas las caracterizan con graves
problemas motores. ¿Por qué hacer que las actrices hablen como mensas?,
¿por qué esa gesticulación y manoteo de la actriz Anahí
Allué para caracterizar a una hija única consentida y caprichosa?,
¿por qué una monja senil, como la tipifica la autora, esta misma
actriz la hace deforme tanto en el andar como en su habla? No puede ser que la
actriz Valeria Vera hable con frenillo para caracterizar a una adolescente o estire
su boca y distorsione el hablar cuando interpreta a una tiránica monja.
No porque la obra trate de personajes femeninos estereotipados es necesario llegar
al ridículo queriendo forzar la risa de la concurrencia o reproduzcan facilonamente
los gags del “Chavo del ocho”.
El profesionalismo de las actrices Pilar Boliver y Mariana Treviño salvan
a sus personajes de la caricatura obvia. Pilar Boliver caracteriza deliciosamente
a la monja sádica que no tiene ningún sentimiento afectuoso con
sus pupilas y disfrutando su interpretación, contagia al espectador llevándolo
brillantemente a la risa. Mariana Treviño se compromete con el personaje
de niña pobre y con naturalidad consigue un silencio muy emotivo en su
monólogo.
Lástima, pues la dirección tuvo en sus manos a actrices que fueron
seleccionadas de entre 205 aspirantes. Esta situación contrasta con la
buena escenografía e iluminación de Laura Rode que dimensiona la
propuesta de la autora y vuelve el espacio escénico en un lugar funcional
y al mismo tiempo interpretativo. Casey Kurtti idea su obra a partir de los recuerdos
de una de las niñas y Rode hace una pared a manera de rompecabezas y diseña
los pupitres y el pizarrón permitiendol que las escenas cambien de perspectiva.
Casey Kurtti ubica la historia de Catholic School Girls en los sesenta pero Alicia
Zanca la traslada, tanto en el montaje de Argentina como el mexicano, a los setenta.
Los sesenta son una época emblemática e interesante, pero tal vez
se trasladó a los setenta para acercar al público generacionalmente
e incluir música de Menudo y lo clásico del mundo de Televisa. Susana
Moscatel y Erick Merino hacen una buena adaptación a la realidad mexicana
tanto en el aspecto de la comida como de los dulces, los lugares y las canciones.
Chicas católicas es una visión light de la educación en una
escuela de monjas. De ninguna manera pretende hacer alguna crítica, tan
es así que en Perú se presentó en la Pontificia Universidad
Católica de Perú. Se hacen burlas a las maestras como en las presentaciones
escolares de fin de año y todos pueden reírse. Se duda de Dios,
pero la reconciliación es inmediata. Los personajes no se transforman y
todos terminan igual, adaptados a esta sociedad. Y así como en los niños
la grosería más grande es decir caca, aquí a lo más
que llegan es a decir que Jesús era judío.
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Categoria: Críticas
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